
Vaya por delante que no tengo nada en contra del catalán. Es una lengua que me resulta agradable. No la hablo ni lo pretendo aunque la entiendo bastante, pero me alegro que las grandes compañías distribuidoras norteamericanas hayan pasado como de la mierda de esa ley del Parlamento catalán que obliga a doblar el 50 por ciento de las películas que se estrenen en Cataluña. ¿Quiénes son los políticos catalanes para exigir a una empresa privada que vendan sus productos como ellos quieran? De momento, la última entrega de Shrek en 3D solo se podrá ver y escuchar en castellano. Parece que en proyección analógica sí habrá versión catalana. Esto es sólo el principio. Ojalá las películas se estrenen en España en versión original. Es una añeja demanda de los amantes del cine que puede que se vea satisfecha a medio plazo.

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